Había oído hablar mucho sobre Siega Verde y sus grabados pero cuando lo he visitado me ha parecido excepcional en varios aspectos: la singularidad, el valor cultural, la antigüedad, conservación, ubicación, abundancia, delicadeza y variedad de los grabados.
La singularidad de este yacimiento reside en su situación al aire libre, lo que prueba que las representaciones del arte paleolítico no se realizaron únicamente en las cuevas.
Tiene un inestimable valor cultural, ha sido nombrado Patrimonio Mundial, por representar una obra maestra del genio creativo humano y por aportar un testimonio único o excepcional de una civilización desparecida.
Su antigüedad se ha datado en el Paleolítico Superior, entre el periodo Solutrense y el Magdaleniense, con unos 18.000 años de antigüedad.
La conservación es excepcional. Ha llegado íntegro hasta nuestros días, gracias a su tardío descubrimiento, por su difícil acceso y al estar cubierto de líquenes y musgos producidos por las crecidas del río. La dureza de los esquistos, y la orientación protegida de la corriente del agua, han favorecido su conservación. Se ha descubierto hace muy poco años, en 1988, por Manuel Santonja, director del Museo de Salamanca.
La ubicación del yacimiento es totalmente estratégica. Es fácil de comprender por qué fue elegida por nuestros antepasados para observar a los animales que iban a cazar. Estos animales que acudían a beber al río Águeda, justo antes de que se formen Las Arribes, con pozas que permanecían con agua incluso en épocas de sequía.
En cuanto a la abundancia y variedad de los motivos, es un yacimiento excepcional. Se han descubierto 94 superficies mayoritariamente de pizarra, grabadas a lo largo de más de 1 kilómetro en la ribera izquierda del río Águeda. Están divididas en 17 conjuntos de figuras agrupadas en pequeños grupos de 2 a 6 figuras y algunas otras aisladas. Actualmente se encuentran catalogados más de 645 representaciones de animales y algunos signos esquemáticos.
Predominan los équidos, cérvidos, bóvidos y cápridos. También podemos encontrar representaciones de especies ya extinguidas y adaptadas a climas glaciales como los renos, bisontes y rinocerontes lanudos, extinguidos hace 8.000 años, de gran corpulencia, con una longitud de cuatro metros.
En las últimas investigaciones se ha llegado a identificar en Siega Verde a ciervos megalóceros, también conocidos como ciervos gigantes o ciervo irlandés, de más de dos metros y con poderosas cornamentas.
La delicadeza de las imágenes realizadas con las herramientas de piedra, son el resultado de varias técnicas utilizadas. Predomina el piqueteado (delimita el contorno de la figura a base de puntos realizados mediante percusión con la piedra) y en menor medida la incisión (fina línea grabada mediante presión con un material puntiagudo) y la abrasión o raspado (surcos más anchos o profundos). Las representaciones son de gran precisión en los diseños, dando como resultado imágenes muy plásticas y casi reales. Los animales siempre están de perfil en posiciones estáticas o dinámicas, y en algunas imágenes se pueden apreciar incluso detalles anatómicos como crines, hocicos, cambio de color en el pelaje, musculatura…
Estos artistas del Paleolítico hicieron los grabados en lugares accesibles, para ser admirados, pero el significado exacto que tuvieron para estos hombres todavía no se puede asegurar. La magia, la caza o la distribución de los territorios son algunos de las hipótesis para imaginar las motivaciones de estos artistas.